ARCO 2021 Ha pasado sin pena ni gloria, diluyéndose en la rutina de un Madrid cada día más saturado de eventos culturales y de ferias intrascendentes. ARCO tiene ya mucha historia tras de sí, habiendo conseguido ser una cita imprescindible para aquellos que aspiran a que el arte contemporáneo se convierta únicamente en algo exquisito, caro y sublime, alo que solo tienen acceso algunas mentes y bolsillos privilegiados, una élite económica y cultural que presume de ello igual que lo puede hacer de comer en restaurantes con estrellas Michelin.

Pero la realidad va, e irá poniendo los elementos de la tormenta contemporánea de la creación plástica, en el lugar que les corresponde por verdadero peso e influencia en la sociedad actual. ¿Una feria de arte es solo una feria de arte, o pretende ser algo más? En el caso de que solamente sea una feria, puede serlo exactamente igual que lo es una feria de compra venta de ganado porcino, pero quizás pretenda ser algo más, ya que las supuestas obras de arte que se venden en tan elevado acontecimiento, están, según sus promotores y adláteres, por encima del bien y del mal, y van más allá de paupérrimo conocimiento de la pobre gleba ignorante, que no está capacitada para alcanzar los profundísimos mensajes que contienen, explícita o implícitamente, los objetos o mercadería que aquí se ofrece a precios exclusivos. Los precios están a la altura de tales objetos sublimes, y habitualmente son inalcanzables para el llamado ciudadano de a pie.

Evidentemente ARCO ha muerto ya hace mucho tiempo de éxito mediático, de autobombo y propaganda amiga de los medios intelectualoides, pero ARCO, por mucho que vayan los Reyes de España a inaugurarla, no ha conectado realmente con la gente, como su organización  ha deseado durante años, sino todo lo contrario, se ha ido alejando paulatinamente de la realidad de los ciudadanos, para convertirse definitivamente en una intrascendente feria de arte más, de las muchas que hay por el mundo, y además con una carísima entrada de casi 50 euros.

¿Cómo se logra esto?, es fácil, atendiendo, como lo han hecho muchas instituciones museísticas y culturales, véase el caso paradigmático del Reina Sofía, solamente a una élite encerrada en sí misma, una élite de innecesarios comisarios petardeantes y adornados de una artillería de palabras vacías e infumables que no explican nada que no sea su inútil presencia en el mundo del arte, alejándose de los artistas y de la creación desde su germen mismo, no dando la palabra, el protagonismo y la acción a los artistas, llenando la feria de artistas muertos y de mercaderes que venden a precio de oro obras insignificantes de artistas ya desaparecidos. El arte tratado así, con esa vaciedad, pretenciosidad, y falta de conexión con la creación viva de muchos artistas que jamás pisarán esta feria, es prosa banal, pretenciosidad y altanería injustificada, es demasiada filosofía barata para muy poco arte (carísimo).

Dicho esto, y para que no olvidemos que la distancia entre lo que se  es realmente y lo que se pretende ser, a veces es abismal, ARCO ha querido formar parte de la cultura en España, pero no lo ha conseguido. La cultura es algo más que la compra venta de vaciedad pretenciosa en forma de objeto, deshecho reciclado, artefacto o piltrafa envuelta en papel de aluminio y lacitos de colores. No toda la feria ofrece esta mercadería inefable, también se ven cosas interesantes y valiosas que, como excepciones que son, confirman nuestra muy pesimista teoría sobre ARCO.

Para terminar diré, que no por envolver cualquier objeto producido por un “artista” elegido por la élite de los comisarios o galeristas, en un montón de palabras sofisticadísimamente hiladas, ese objeto dejará de ser materialmente lo que es ante nuestros ojos, la explicación permanente e interminable del arte, del objeto artístico, es el fracaso del arte, y eso es ARCO y representa ARCO, el fracaso definitivo del arte contemporáneo, que vive de explicaciones, comisarios, marketing de lo sublime, sobreprecios y sobreactuaciones, y de ferias profesionales dedicadas a las esferificaciones y el aire de porcino para supuestos paladares elegidos. Falta emoción, falta vida, faltan los creadores, los que inventan, los que generan y posibilitan que haya mercado del arte.

Hay algo que me llamó poderosamente la atención, y en lo que no me había fijado en visitas anteriores, grupos de selectos yupis muy bien ataviados, y con una indudable y pretendida elegancia, paseaban guiados en grupo por un pastor de incongruencias y filosofías baratas, que les explicaba los contenidos de los distintos puestos de la feria. Estos le seguían con gran atención, como si estuviera explicando el origen del universo en versión corta y peripatética.

También observé que existe zona vip como en los bares de copas, con lo que la feria gana enteros sin duda en cuanto a la excelencia de sus obras inalcanzables de reciclado material sostenible por millonarios ¿ineptos o incautos?, que pueden tomar una copa exclusiva mientras firman un talón exclusivo.

En cuanto a la dinámica de lo puramente estético, este año se ha demostrado que cuando la Humanidad vive bajo la amenaza del terror durante una temporada, con muertes masivas e indiscriminadas, se genera crisis tanto en lo económico como en lo intelectual. La crisis es ante todo abstracción de conceptos, abstracción de ideas, abstracción de objetivos, abstracción por la abstracción, sea esta geométrica u orgánica. La abstracción de los seres espirituales pero también la de los pícaros y charlatanes, que en el mundo del arte abundan mucho más que los propios artistas. La diferencia es que son profesionales de la charlatanería y hacen gala de ello.

Adolfo Falces Delgado

 

 

 

Artista