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Alto Luena es un barrio cercano a Luena, la capital del estado de Moxico en Angola,  donde se han ido asentando familias que han vuelto al país después de la guerra. Es una zona de casitas en su mayoría muy pobres, diseminadas, cerca de un río. En el corazón del barrio se ha ido construyendo una escuela, un centro de salud, una capilla. Allí vive una comunidad de religiosas Esclavas del Divino Corazón, que consideran que la educación es el mejor modo de ayudar a levantarse a un pueblo.

 

 

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Apoyar la sanidad en contexto de tanta carencia es una urgencia que atienden a través del Centro de Salud. El idioma oficial es el portugués ya que Angola fue colonia portuguesa, pero la mayoría de las personas del barrio se entienden mejor a través de sus dialectos: Cokue, Lubale, etc.

 

 

 

La Fundación Spínola Solidaria ayuda a través de proyectos en los que colaboran solidariamente muchas personas. A través de los voluntarios, que se preparan durante el año, apoya la educación y la salud del barrio gracias a la experiencia y el conocimiento profesional de los mismos, unido especialmente a su deseo de colaborar en la construcción de un  mundo más justo.

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El río Luena, que está en la ladera del barrio y que lo separa de la ciudad de Luena, es fuente de vida para los habitantes de Alto Luena. Es en él donde muchas familias a diario, lavan la ropa, la tienden al sol, se bañan, lavan los cacharros, juegan los niños…

Estos jóvenes pertenecen a la aldea de Sandeleu. Tienen su Soba (rey) que es el representante de todos. Comparten con catequistas convivencias cotidianas como la de este fin de semana. Al marcharse les regalaron una gallina  y un saco de mandiocas, una planta muy utilizada para las comidas. 

 

El lunes 1 de septiembre comenzaron las clases del tercer trimestre, pues el curso escolar coincide con el año natural. El día empieza cuando clarea y termina cuando anochece, ya que en el Alto Luena no hay luz eléctrica. Sólo algunas casas cuentan con un pequeño generador y pueden disfrutar de ella.

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En el recinto de la Escuela y el Centro de Salud, que es donde está la casa de las religiosas, hay un generador que da luz desde las 17,30 h, que ya es de noche, hasta la 21,30 h. La linterna es un elemento de primera necesidad allí.grupo

En este contexto comparten su vida, a través de la educación, la sanidad y la colaboración con la parroquia, tres religiosas españolas y una filipina. También forman parte de la comunidad dos postulantes angolanas que se preparan para ser religiosas.

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En la Escuela trabajan 30 profesores en los dos turnos de clases que hay.  En el Centro de Salud trabajan tres enfermeros y una religiosa. Necesitan un médico pero  no han conseguido que lo conceda el gobierno por ahora.

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Los niños del Alto Luena viven con lo básico y sin apenas recursos, no es raro verlos andar descalzos y en muchos casos cuidan de sus hermanos pequeños con una responsabilidad propia de adultos. Impresiona la alegría que muestran en sus caras. Sus miradas lo dicen todo: a pesar de las carencias, la injusticia social y la falta de medios tan básicos como el agua, la luz, la comida o la educación, son capaces de acoger a quien llega con una bonita y limpia sonrisa. Son los niños del Alto Luena, el futuro de Angola y el sueño de una población que gracias a personas solidarias y arriesgadas reciben los cuidados y la formación para alcanzar algún día la dignidad a la que tiene derecho todo ser humano.

 

 

Fundación Spínola Solidaria y su proyecto 

La Fundación Spínola Solidaria, como se indica en su página web (www.spinolasolidaria.org ) es una ONGD cristiana, que promueve el acceso a una educación integral, de los más desfavorecidos para transformar a la persona y así a la sociedad.  Surge desde la Congregación Esclavas del Divino Corazón, como obra apostólica de sus fundadores, Marcelo Spínola y Celia Méndez.

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Spínola Solidaria trabaja desde el convencimiento de que la educación es el motor para lograr  transformar realidades personales y sociales. Basan para ello su trabajo en una educación en la igualdad sin exclusividad “una educación que transforma la sociedad, mejora sus costumbres y renueva la familia”. También desarrollan  campañas de sensibilización para dar a conocer las situaciones de injusticia en la que viven millones de personas “y que  se considere la educación un elemento indispensable para la transformación de las sociedades”.

 

Por eso, desde hace años, esta Fundación solidaria apoya  proyectos educativos en las poblaciones más vulnerables de Europa, América Latina, África y Asia para ayudarles a construir  su vida y su futuro. Creen en proyectos que generen desarrollo sin olvidar la cercanía cotidiana que les caracteriza. Llevan a cabo proyectos sociales para que estas personas sean capaces de lograr una vida digna “en la que sus derechos no se vean vulnerados y se igualen por su ser y no por su tener”.

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Misioneros, voluntarios y religiosas deciden marchar a estos continentes para compartir lo que han recibido, dando y recibiendo al mismo tiempo la riqueza que estos pueblos ofrecen. El proyecto del Alto Luena en Angola es uno de ellos, porque como afirman desde esta Fundación Spínola Solidaria “no podemos dejar que el mundo siga así”.

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ANGOLA

  • Población: 19.081.912
  • Esperanza de vida: 50 años
  • Tasa de alfabetización: 70%
  • Gasto público en educación: 2,6%
  • Superficie: 1.246.700 km2
  • Bajo el umbral de pobreza: 54,31%

 

 

El 60% de los angolanos son niños que crecen en un entorno generado por más de 27 años de una cruenta guerra que ha dejado un millón de muertes, 3,8 millones de personas desplazadas (la cuarta parte de la población) y 340.000 angoleños refugiados en países vecinos según datos de la ONU. A pesar de la paz lograda en 2002, con un sistema de salud que apenas comienza a recuperarse, la tasa de mortalidad de menores de 1 y 5 años era la misma en 2004 que en 1990 (154 y 260 por cada mil nacidos, respectivamente).

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Dos generaciones de niños- muchos de ellos soldados, desaparecieron durante la última década de guerra civil. Cien mil menores fueron separados de sus familias. Casi la mitad de los niños no asisten a la escuela y el 45% sufre desnutrición crónica. Las Esclavas del Divino Corazón llevan más de 15 años trabajando en Angola. Son ya tres los centros educativos que han fundado en Luanda, Mbanza-Congo y Luena  y más de 3.200 alumnos los que a día de hoy se están formando en los mismos.

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Durante estos años han vivido la ocupación, la dureza de una guerra cruenta y la esperanza de una firma de paz que abría el camino a los sueños. Su trabajo: el esfuerzo porque esos sueños se hagan realidad y su camino: la Educación.En la pequeña comunidad de Luena se han logrado instalar  farolas en el terreno que ocupa la Escuela “Sagrado Corazón” y el Centro de Salud.

 

 

 

En Luena comienza a oscurecer a las 17:00 h y a las 18:00 h ya es totalmente de noche. A esas horas, es imposible realizar cualquier actividad y salir de las casas. La luz eléctrica es esencial para que se amplíe la vida y la actividad del barrio hasta un poco más tarde, aportando tranquilidad y seguridad a las personas que viven allí y que tienen que desplazarse por la noche. En el recinto de la Escuela y el Centro de Salud, junto a la casa de las religiosas, se ha construido una Casa para acoger a los Voluntarios. Hace ocho años que Angola salió de la guerra civil; ha habido que desenterrar miles de minas anti-personas, volver a reconstruir puentes y carreteras para poder unir provincias y aldeas; es un trabajo lento y difícil.

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Pero, como afirman desde la Fundación Spínola Solidaria “el trabajo más importante es la reconstrucción de los valores y una vida digna para cada persona, cada familia”. Y  desde la educación, la salud y la promoción de la mujer es cómo las religiosas y los laicos que colaboran con ellas están trabajando en tres provincias y realidades diferentes: Luanda,  la capital del país, Mbanza Kongo , al norte, en la frontera con la República Democrática del Congo,  y Luena ,al este, en la frontera con Zambia.

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En palabras de Carlota Martínez, Esclava del Divino Corazón en Angola, el objetivo  “es ir abriendo caminos para el desarrollo y también para que este país, tan rico en agua, en minerales, en potencial de agricultura, pueda creer en sí mismo y atender las necesidades de cada angolano”.

FOTOS: Encarnación Corral

 

 

Teresa Cobo de la Vega