La exposición Francesc Tosquelles. Como una máquina de coser en un campo de trigo se centra en la figura de este revolucionario psiquiatra e intelectual catalán (Reus, 1912 – Granjas-sur-Lot, Francia, 1994), promotor de la psicoterapia institucional y uno de los introductores del psicoanálisis en España. El legado de Tosquelles, que recibió un gran reconocimiento en Francia – donde vivió y desarrolló su obra intelectual y terapéutica desde 1939 hasta su muerte en 1994- es prácticamente desconocido en España.

La historia de Tosquelles es un recorrido por la historia de la Europa del siglo XX, la historia de las grandes guerras, una época convulsa y dramática que obligaba a confrontarse con las neurosis individuales y colectivas, cuestionando la distinción tradicional entre patología y normalidad.

Tras sus experiencias durante la República española y la Guerra Civil, se exilió en Francia, donde llegó a dirigir un centro experimental de cuidados en el Hospital Psiquiátrico de Saint-Alban, que se convirtió en lugar de acogida y refugio de resistentes y escritores franceses como Paul Eluard –perseguido por el nazismo- o Tristan Tzara. Entre 1952 y 1953, figuras tan relevantes como Frantz Fanon concluyeron su formación en psiquiatría junto a Tosquelles.

Alejándose de las estructuras convencionales, Tosquelles revolucionó la institución psiquiátrica con una práctica experimental que vinculaba el ejercicio clínico con la política y la cultura y humanizó la vida de miles de pacientes en una Francia ocupada por el nazismo. Abogaba por la transformación y adaptación constante de la institución a las necesidades y condiciones de los enfermos y velaba por abrir el hospital psiquiátrico y fomentar el vínculo social de los enfermos, considerando el teatro, el cine, el arte y la escritura como unas herramientas terapéuticas fundamentales.

La muestra que el Museo Reina Sofía dedica a Tosquelles ocupa 11 salas de la tercera planta del edificio Sabatin y permite contemplar al visitante una amplia variedad de obras de arte de surrealistas como Dalí o Man Ray o de artistas como Joan Miró o Antonin Artaud; de impulsores del art brut como Jean Dubuffet, Karel Appel, Henri Michaux, Léon Schwarz-Abrys o José García Tella; creaciones de pacientes como Marguerite Sirvins o Auguste Forestier; films y videos de Mario Ruspoli o Angela Melitopoulos; fotografías de Agustí Centelles, Alec Wainman o Jacques Matarasso, así como abundante material documental inédito procedente de instituciones psiquiátricas que puede verse por primera vez en un museo. Además, en diversas salas se proyectan breves extractos de una entrevista a Tosquelles realizada en 1986 conducida por Jean-Claude Polack y Danielle Sivadon y filmada por François Pain en la que se revela el carácter heterodoxo del psiquiatra catalán.

Psicoanálisis y arte

La exposición inicia su recorrido cronológico con una sala que sitúa al visitante a principio de los años 30 del siglo XX.  La República acaba de instaurarse en España y muchos psiquiatras y psicoanalistas de la Europa central que huían del antisemitismo se asentaron en una Barcelona convertida en una “pequeña Viena”. En ese contexto, del que dan testimonio unas fotografías de Agustí Centelles y Alec Wainman y los carteles políticos inéditos del Bloc Obrer i Camperol (BLOC) en el que militaba, Francesc Tosquelles recurrió al psicoanálisis y al marxismo para transformar los manicomios heredados del siglo XIX y curar unas instituciones que consideraba enfermas.

Así, en 1932, Tosquelles hizo un uso pionero de la tesis del psicoanalista Jacques Lacan en el Institut Pere Mata, un manicomio privado de la alta burguesía en Reus del que se muestran imágenes de la época y en el que la arquitectura de Lluís Domènech i Montaner privilegiaba los espacios libres, la luz natural y la vegetación que separaba los distintos pabellones, creando así un entorno para los encuentros. Las prácticas de Tosquelles, que utilizaría más tarde en todos los lugares donde trabajó, estaban orientadas a evitar el aislamiento social de los pacientes y para ello implicaba no sólo a la comunidad médica sino también a personal no profesional de la sociedad civil.

Si eran tiempos de vanguardia en los campos de lo político y de la psiquiatría, en el ámbito cultural surgían vanguardias como el surrealismo, deudor de la tesis de Lacan, que despatologizaba la paranoia y la convertía en el mecanismo de construcción de toda personalidad y que fue retomada por artistas como Salvador Dalí. De él se muestra Homenaje a Lautreamont (1945), obra dedicada al poeta que inspiró también a otros surrealistas como Man Ray para defender el azar de la belleza y autor de una sentencia que Tosquelles parafraseó para resumir su propia experiencia y que sirve para dar título a la exposición: “Bello como el encuentro fortuito de una máquina de coser con un paraguas sobre una mesa de disección”.

Sin salir de este espacio, el espectador puede contemplar diverso material relacionado con  el trabajo desarrollado por Tosquelles durante la Guerra Civil, cuando sentó las bases de la psicoterapia infantil y juvenil y cuando, en 1937, ejerció como director de la clínica de Almodóvar del Campo, en Ciudad Real, donde experimentó con un servicio de urgencia cerca de la línea del frente a fin de no separar a los heridos de guerra de los lugares donde habían vivido el trauma.

En la siguiente sala se ubican otras obras de los artistas José Roa y Josep Ponti, republicanos que compartieron con Tosquelles el campo de refugiados de Septfonds en su exilio a Francia en 1939 tras la Guerra Civil. Allí, el psiquiatra catalán organizó una unidad de psiquiatría con la ayuda de un único enfermero, un guitarrista y un pintor.

El Hospital de Saint-Alban

El núcleo central de la exposición ilustra la labor del psiquiatra catalán en el Hospital de Saint-Alban, donde Tosquelles trabajó entre 1940 y 1962 y cuya transformación ha servido de modelo para la psicoterapia institucional.

Uno de los rasgos distintivos de este período fue la coincidencia en un mismo lugar de las innovaciones clínicas, la producción cultural de vanguardia y la actividad política antifascista. Allí integró a los pacientes entre sí y con la colectividad dotándoles de mayor autonomía y organizando actividades de teatro, cine, talleres, fiestas, excursiones e incluso editando periódicos como Le Chemin y Trait d’Union, que pueden verse en una de las vitrinas de la sala.

El Hospital Psiquiátrico de Saint-Alban fue escenario de colaboraciones trascendentales como las que mantuvieron Tosquelles y Frantz Fanon, quien poco después se convertiría en líder de las teorías decoloniales; así como del encuentro entre Tosquelles y el realizador de cine Mario Ruspoli, impulsor del cinéma direct y de quien se proyectan fragmentos de films como Regard sur la folie (1962). Figura aquí también una instalación de la artista contemporánea Alejandra Riera que vincula dos centros claves de la psicoterapia institucional, el Hospital de Saint-Alban y la clínica La Borde.

A través de una serie de fotografías de Jacques Matarasso, se da cuenta de la estancia en el Hospital de artistas como Paul Eluard, quien en 1946 publicó Souvenirs de la maison des fous (Recuerdos de la casa de locos) una recopilación de poemas inspirados por su estancia en el asilo. El libro presenta los poemas junto a ilustraciones de Gérard Vulliamy.

Asimismo, en 1945, el poeta y teórico dadaísta Tristan Tzara pasó dos meses en Saint-Alban. Durante su estancia, Tzara escribió el poema Parler seul (Hablar solo) que el editor Maeght publicó en 1950 acompañado de setenta y dos litografías de Joan Miró. Los versos se dirigen a mujeres enfermas, figuras femeninas estigmatizadas por la alienación mental.

Este espacio se completa con una proyección de los documentos filmados que realizó Tosquelles sobre las transformaciones del Hospital y que se presentó en el IV Congreso Internacional de Psicoterapia celebrado en Barcelona en 1958, siendo un valioso testimonio de su visión del trabajo psiquiátrico.

Influencia del arte psicopatológico

En una sala posterior, se muestran obras emblemáticas del art brut realizadas por Auguste Forestier (27 de abril de 1887 -11 de marzo de 1958), uno de los pacientes del hospital cuyo arte llamó la atención de Jean Dubuffet. Éste acudió a la institución en 1945 con el fin de adquirir sus primeras obras de art brut siguiendo las indicaciones de sus colegas en París. Para él, Forestier sería una de las figuras centrales en su definición de este tipo de arte. Mientras que Dubuffet oponía el art brut al “arte cultural de los museos, las galerías, los salones”, y lo definía como un arte anticultural, Tosquelles, hizo de las prácticas culturales una herramienta para despertar el vínculo social de los enfermos.

Junto a estas piezas se pueden contemplar creaciones de pacientes que el doctor Benjamin Pailhas empezó a recopilar en el asilo del Bon-Sauveur de Albi en 1887.

El arte producido por los internos de los hospitales psiquiátricos no sólo despertó el interés de Jean Dubuffet sino de otros artistas como Karel Appel, Henri Michaux o Léon Schwarz-Abrys. De todos ellos se pueden contemplar diversas obras en otra sala de la exposición, entre las que destacan los retratos de pacientes de este último autor.

El visitante también puede ver trabajos de Antonin Artaud; los dibujos de Benjamin Arneval poblados de bestias y monstruos, vacas, caballos y serpientes, con los que el artista creaba inventarios visuales; los escritos y dibujos en cuadernos y páginas de periódicos de la época realizados por Aimable Jayet, otro paciente de Saint-Alban que daba cuenta de su microobservación de la vida del hospital; o las creaciones de Marguerite Sirvins, que vivió en el hospital desde 1932 a 1957, y de quien Dubuffet

coleccionó sus bordados y acuarelas.

Otros artistas presentes en la exposición y considerados como representantes destacados del art brut son los españoles Joaquim Vicens Gironella, Miguel Hernández Sánchez y José García Tella. No eran pacientes psiquiátricos, pero por su condición de exiliados republicanos en Francia se les asoció a cierta marginalidad: la de los derrotados políticos.

El delirio del fin del mundo

En 1948 Tosquelles defendió una tesis en la que entrelaza el sufrimiento de los psicóticos y los esquizofrénicos con el miedo de los que denomina “los hombres normales”. Esta idea contextualiza la siguiente sección de la muestra, donde se refleja un temor al fin del mundo que estuvo muy presente a partir de los años treinta y hasta fines de los cuarenta en el campo de la cultura y en las vivencias de unas generaciones marcadas por el belicismo creciente de la época

Este espacio se ocupa de artistas que expresaron los horrores y ansiedades de este periodo de entreguerras. Es el caso de Gérard Vulliamy. El tono brueghelesco de su pintura titulada Le Cheval de Troie (1936-1937) mantiene su fuerza como una de las pinturas más importantes del surrealismo tardío. Los dibujos preparatorios y las obras de dimensiones más reducidas realizadas en torno al mismo tema describen un mundo apocalíptico, muy cercano en forma y textura a los cuadros que pintó Salvador Dalí en 1935, de quien se puede ver su estudio premonitorio de la Guerra Civil Española. Este conflicto y la Segunda Guerra Mundial confirmarían los peores presagios.

Tras la proyección de Déconnage (Desbarrar), un nuevo montaje realizado en 2012 por la videoartista Angela Melitopoulos de la entrevista -originalmente filmada por François Pain – en la que Tosquelles rememora su biografía, la exposición finaliza con una sala dedicada al trabajo que desarrolló Tosquelles durante los últimos años de la dictadura y el primer posfranquismo en su retorno a Cataluña.

En ella se muestra la colección de casetes que el personal del Institut Pere Mata y Francesc Tosquelles grabaron a lo largo de los últimos 30 años de su vida, así como los mapas conceptuales o cuadros de pared de Tosquelles conservados en la biblioteca del Hospital Universitario Pere Mata. Tosquelles murió en 1994. Su muerte coincidió con la desaparición de la psiquiatría como disciplina independiente y su asimilación como rama de la medicina.

ACTIVIDADES PARALELAS

 

Programa Educativo

Escuela Perturbable II, Pensar con Tosquelles más allá de la exposición

De forma paralela a Como una máquina de coser en un campo de trigo, el Departamento de Educación del Museo Reina Sofía ha puesto en marcha Escuela Perturbable II. Pensar con Tosquelles más allá de la exposición, un programa que persigue activar en la práctica los temas planteados en esta muestra de una manera colaborativa y con un contacto inmediato con el público a través de diversas actividades.

A través de cuatro líneas de trabajo –Educar en situación, (De)construyendo el museo, Crear disfuncionalmente y Curar la institución– y con la colaboración de la Fundación Once, abordará las ideas relevantes del legado de Tosquelles: su contribución al ámbito de la psiquiatría, la denominada psicoterapia institucional; su trabajo en torno a la legitimización de las creaciones de las personas con sufrimientos psicosociales; su relación con Frantz Fanon y las teorías decoloniales y sus aportaciones al mundo educativo.

Esta es la segunda edición del programa Escuela Perturbable; la primera se organizó con motivo de la exposición de Luis Camnitzer Hospicio de utopías fallidas y su temática giró en torno a las incisivas ideas del artista respecto a las relaciones entre arte y educación. Su objetivo fundamental fue visibilizar la importancia de la educación artística como práctica emancipadora en las sociedades contemporáneas con un programa extendido de estudios, residencias y producciones culturales.

Programa educativo desarrollado con el patrocinio de Fundación Banco Santander

Ciclo de cine

Cámara Kafka

Durante el mes de noviembre se va a proyectar en el auditorio Sabatini del Museo Reina Sofía un ciclo de cine dedicado a la salud mental bajo el título Cámara Kafka. Las críticas a la institución psiquiátrica, el desarrollo de tratamientos alternativos y los desbordamientos desde la propia diferencia de artistas y cineastas usuarios de la psiquiatría, son algunos de los temas que tratará este ciclo audiovisual que será gratuito.